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LA JUSTICIA DE COLOMBIA SE UNE A LA DE ARGENTINA Y ACEPTA EL HABEAS CORPUS PRESENTADO POR LA SITUACIÓN EN QUE SE ENCUENTRA UN OSO DE ANTEOJOS.

04/octubre/2017.- En el día internacional de los derechos de los animales, Proyecto Gran Simio quiere dar a conocer una nueva sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Colombia, que junto con los tribunales de Argentina, están dando una lección a nivel mundial y un adelanto significativo en una justicia que va más allá de los derechos de los humanos.

Ya no sólo ha sido la justicia Argentina que ha declarado a una Orangutana llamada Sandra del Zoo de Buenos Aires como “persona no humana” con derechos básicos y la aceptación de una jueza en Mendoza (Argentina) de un Habeas Corpus presentado por Faada de ese país en apoyo del proyecto Gran Simio España y en la que una jueza lo aceptó a trámite y ordenó su salida del zoo donde se encontraba en unas condiciones pésimas, al santuario del Proyecto Gran Simio Internacional sito en Sorocaba (Brasil); sino también la decisión de otro juzgado colombiano, objeto de esta otra gran noticia.

 

El Habeas Corpus presentado en Colombia, fue promovido por Luis Domingo Gómez Maldonado quien actuaba a favor del oso de anteojos de nombre “Chucho”.

 

La sentencia del magistrado ponente Luis Armando Tolosa Villabona, tras  citar lo conseguido en Argentina en dos sentencias de varias juezas y la impugnación del Habeas Corpus presentado por un Juzgado inferior al suyo en Colombia sobre este caso, señala entre diversas consideraciones: “ que el  poder humano, creyéndose la medida de todas las cosas, se tornó en desmesurado e irresponsable. Por citar un ejemplo, millones de hectáreas de bosques son destruidas todos los días, como si la Tierra le perteneciera exclusivamente, ignorando que el  hombre quien pertenece a la naturaleza, a la tierra y al universo, desconociendo que su entorno, aquello que nos rodea, es titular también de valores intrínsecos, dignos de protección”.

 

En su punto 2.4.2, titulado “De una visión meramente antropocéntrica a una ecocéntrica-antrópica”, señala que todos somos integrantes de una comunidad jurídica natural reconstructiva y resiliente como ciudadanos sujetos de derecho proactivos pertenecientes a una sociedad organizada que actúa entre plantas, animales y los elementos abióticos. Se trata de comprender que es en la naturaleza y también en el universo, el lugar donde los seres humanos y la humanidad en general, desarrolla sus proyectos vitales, que es en ella donde vive y participa el hombre, y que como animal sintiente ejecuta sus capacidades creativas y críticas para enrumbar la reconstrucción de un mundo en el cual procura su conservación, la de la naturaleza y la de las especies, en un marco de justicia y solidaridad.

 

En su punto 2.4.3. titulado “Los sujetos de derechos sintientes no humanos”, señala que el humano es un animal que pare, nace, respira y muere como tal, es una realidad natural. El nuevo análisis de nuestra racionalidad y autoconciencia y del desarrollo

Humano debe partir entonces de nuestro hogar, nuestra condición de seres vivos y animales.

 

En consecuencia la nueva realidad a fin de sobrevivir impone señalar que no son sujetos de derecho exclusivamente los seres humanos que también lo son las realidades jurídicas algunas de las cuales por ficción jurídica son personas como las morales pero también reclaman perentoriamente esa entidad por poseerla ontológicamente los otros seres sintientes incluyendo la propia naturaleza.  ¿Si las realidades jurídicas rectas son sujetos de derecho porque razón quienes ostentan vida o son seres sintientes no pueden serlo?.

 

En el actual del derecho son sujetos del inmenso grupo de personas jurídicas sociedades, comerciales, asociacione,s colectividades públicas a las cuales siendo realidades inanimadas se le reconoce personalidad jurídica y algunas garantías procesales, ¿porque no otorgar personalidad jurídica a las otras realidades verdaderamente animadas sintientes y vivas más allá de la apreciación del tradicional deber humano de protección de la naturaleza como objeto?

 

En el punto de la sentencia 2.4.4. “Son cosas los animales y los otros seres sintientes”, el magistrado  expone que esa percepción  derrumbada por la biología la genética y por la nueva filosofía y en general por las ciencias de la vida.

 

Reafirma que los otros seres sintientes también son sujetos de derechos indiscutiblemente. No se trata de darles derechos a los sujetos sintientes no humanos, iguales a los de los humanos equiparando las en un todo, para creer que los toros, los loros, los perros o los árboles, etc, tendrán sus propios tribunales, sus propias ferias y festividades, sus juegos olímpicos y sus universidades. Y, ni que los otros componentes de la naturaleza deben ser titulares de las mismas prerrogativas o garantías de los humanos, sino de reconocerles los correspondientes, los justos y convenientes a su especie, rango o grupo. Se trata de insertar en la cadena viviente una moralidad universal, un orden público ecológico global, otorgando el respeto que merecen ante el irracional despliegue del hombre actual para destruir nuestro hábitat, por virtud de la interdependencia e interacción entre hombres y naturaleza.

 

La denominación de “cosas” trajo nefastas consecuencias a lo largo de la historia, tratándose de la teorización y práctica social, porque aparejó trato degradante para esas criaturas, incluyendo la naturaleza. En la prehistoria, hasta los esclavos eran objetos parlantes.

 

Dentro del punto 2.4.5 de la misma sentencia,  “los sujetos sin dientes no humanos y los deberes”,  la sentencia de este magistrado dice que en esta órbita son sujetos de derechos sin deberes, o en cuanto que a estos no se les pueden imponer obligaciones por tratarse precisamente de sujetos de derecho sin sintientes, frente a quién es el principal guardador, representante, agente oficioso irresponsable es el hombre en forma individual o colectiva. Si se considera que no pueden ser sujetos de derecho por no estar grabados con deberes recíprocamente, significa navegar en un auto antropocentrismo individualista o colectivista totalmente egoísta y reduccionista, para ver como iguales a quienes son totalmente diferentes a pesar de constituir parte esencial de la cadena biótica con peculiaridades propias.

 

No se trata de la modificación de una postura jurídica desde una perspectiva exclusivamente biológica o moralista, o desde el dolor con criterio de sensiblería fruslera y trivial porque los animales sufren, sino desde una textura filosófico jurídica diferente y creadora;  desde un compromiso existencial radical con la vida del hombre mismo, de las futuras generaciones, de las especies, de la conservación de la naturaleza como lucha individual y colectiva contra los depredadores de nuestro universo; en contra de quienes  día a día lo destruyen sin consideración para saciar sus apetitos  atesoradores y tecnocráticos;  contra quiénes diariamente envenenan y desecan ríos, lagos, pantanos, humedales, arrasan paramos y ves, ecosistemas e insectos; contra quiénes hunden sus herramientas, armas, maquinarias retroexcavadoras instrumentos inyectores, etc., y acaban especias sin control y consecuencialmente el futuro de la humanidad.

 

En el punto 2.4.5. 2 la protección normativa,el magistrado continúa con su sentencia informando que en Colombia el camino se viene gestando desde la modificación introducida al artículo 655 del código civil, por medio de la ley 1774 de 2006, al diferenciar  bienes muebles y animales calificándolos como seres sintientes y no como cosas. Constitucionalmente hallan protección como elemento esencial de los recursos naturales, por virtud de los artículos octavo, 79125 núm. 8, cuando expresa que son deberes de todas las personas proteger los recursos culturales y naturales del país y velar por la conservación del ambiente sano, de modo que debe existir una dinámica entre el ser sintiente humano y los otros seres sintientes, de tal forma que se garantice la integridad de los animales y de la naturaleza como parte del contexto natural, donde todos los sujetos de derecho desarrollamos nuestras vidas y nuestras existencias.

 

En Latinoamérica, constituciones como la de Ecuador donde establecen como derecho de la naturaleza el respeto integral de su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales, estructura, funciones y procesos evolutivos por ser el lugar donde se produce la vida,  impone al Estado el deber de incentivar a las personas naturales y jurídicas el respeto a todos los elementos que forman un ecosistema.

 

Punto 2.4.5. 3. La libertad de los animales.

 

Los animales deben estar libres de incomodidad, sin hambre y sed, libres para desplegar los comportamientos naturales, teniendo en cuenta que, por ejemplo, los herbívoros pasan la mayor parte de su vida en las zonas de forrajeo y los carnívoros en la búsqueda de empresas para cazarlas. Y, algunos son gregarios, otros solitarios. Especialmente deben de estar libres de miedos y angustias porque su cautiverio les genera temor, estímulos negativos, estrés, etcétera. Del mismo modo deben estar libres de enfermedades evitando su hacinamiento y anomalías metabólicas.

 

Esto significa que es constitucional y convencionalmente válido como fuente normativa abogar por la protección de todos los seres sintientes incluyendo a los animales, para preservar el medio ambiente como parte de la fauna mundial, al estar integrados en un orden público ecológico nacional y mundial, debiendo rechazarse todo acto de maltrato y cautiverio.

 

 Sin embargo, la protección de los derechos de los animales no es similar a la que debe otorgarse a los derechos humanos porque sus causas, contenido y finalidades varían; no obstante, nuestros criterios ortodoxos deben evaluarse para entender que como parte de la naturaleza los seres sintientes no humanos contribuyen al equilibrio ecológico para la sobrevivencia de la humanidad; por supuesto, con venero en el concepto de Constitución ecológica donde se impone, necesariamente, la posibilidad de reconocer derechos a los seres sintientes no humanos.

 

Por tanto debe procurarse frente a los seres en cautiverio, en forma escalonada readaptarlos a las condiciones naturales con las ayudas profesionales, veterinaria, accionista, biológica, alimentaria y biotecnológica necesaria disponiendo las medidas pertinentes para su reinserción en un habitat natural.

Para esta sala,  es urgente distensionar las fronteras entre el hombre y la naturaleza, entre lo humano y lo no humano, aniquilando la separación también, entre lo cultural y lo natural, el de todos los sujetos de derecho. No dar este paso es mantener y concitar la destrucción inmisericorde de nuestro hábitat natural.

 

Ética y ontológicamente los derechos no pueden ser patrimonio exclusivo de los humanos, pero no con el propósito de menguar el derecho de las personas, ni con fines mezquinos, oportunistas, chauvinistas e intransigentes para inclusive, impedir la investigación científica aplicada al bienestar humano o a la satisfacción de las necesidades vitales de los hombres y mujeres que sufren hambre y eternas necesidades; tampoco se trata de defender una enconada propaganda política un grupista y recalcitrante, o de apoyar causas simplemente animalistas o del vegetarianismo sin sentido.

 

En el punto 2.4.5.4. de la sentencia  La procedibilidad de la acción de habeas corpus en la protección de ser sintiente y símbolo nacional, el magistrado va concluyendo que como los animales son capaces de sentir y sufrir, la ley los protege, debiendo ser sujetos de derechos, por ende son titulares de la prerrogativa a la libertad, así sea, a vivir una vida natural y al tener un desarrollo, con menor sufrimiento, con calidad de vida a su estatura y condición, pero esencialmente para conservar responsablemente nuestro hábitat, en la cadena biótica.

 

En conclusión, si bien la acción de habeas corpus, por tratarse de una herramienta constitucional dirigida para salvaguardar la garantía supralegal de la libertad de las personas, la misma no resulta entonces incompatible para asegurar a los animales como “seres sintientes”, y por tal sujetos de derechos, legitimados para exigir por conducto de cualquier ciudadano, la protección de su integridad física, así como su cuidado, mantenimiento o reinserción a su hábitat natural. Claro está, analizando mesuradamente, las circunstancias específicas de cada situación.

 

El magistrado Luis Armando Tolosa termina su argumento que  por los fundamentos antes narrados, el Despacho estima procedente conceder la protección invocada por vía de habeas corpus. En consecuencia se ordenará inmediato traslado del oso de anteojos andino, o Tremarctos ornatus de nombre y “Chucho”, confinado actualmente en el zoológico de la barranquilla, a una zona que mejor se adecue a su hábitat, con plenas y dignas condiciones de semicautiverio, conforme lo exige la normativa respectiva, teniendo como destino prioritario la reserva natural Río Blanco, lugar que ha sido su casa durante 18 años.

 

DECISIÓN.

 

El mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, RESUELVE: Revocar el proveído de fecha y procedencia arriba anotados para en su lugar CONCEDER la protección invocada por la vía de HABEAS CORPUS presentada por Luis domingo Gómez Maldonado quién actúa en favor al oso de anteojos de nombre “Chucho”.

 

 

BAJAR SENTENCIA EN PDF:

 http://static.iris.net.co/semana/upload/documents/radicado-n-17001-22-13-000-2017-00468-02.pdf

 

   

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