El olvido político de nuestros hermanos evolutivos
La ley de grandes simios no puede seguir encerrada en un cajón: una promesa incumplida con nuestros hermanos evolutivos. El Gobierno tiene una deuda pendiente con los grandes simios
Pedro Pozas Terrados
Hay silencios que no son neutrales. Hay silencios que pesan. Silencios que esconden una falta de voluntad, una ausencia de compromiso o simplemente la decisión de mirar hacia otro lado esperando que el tiempo haga desaparecer aquello que incomoda. Uno de esos silencios es el que rodea a la Ley de Grandes Simios.
Han pasado más de tres años desde que el Congreso de los Diputados aprobó la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales, una norma que incorporó una disposición adicional cuarta en la que se establecía claramente que el Gobierno debía presentar un proyecto de Ley de Grandes Simios en el plazo de tres meses desde la entrada en vigor de dicha ley.
No era una recomendación ni una declaración de intenciones. Era un mandato legislativo aprobado por la representación democrática de la ciudadanía.
Sin embargo, el tiempo ha pasado y esa obligación continúa sin culminarse con la presentación del proyecto ante el Consejo de Ministros, el siguiente paso administrativo necesario para que pueda iniciar su tramitación parlamentaria.
Desde el Proyecto Gran Simio consideramos que esta demora constituye una falta de compromiso político con unos seres vivos que no son una especie cualquiera. Los chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes son nuestros parientes evolutivos más cercanos, miembros de nuestra propia familia biológica: la familia de los homínidos.
Mientras los despachos se llenan de documentos, reuniones y procedimientos administrativos, los grandes simios siguen esperando una protección jurídica que España reconoció que debía desarrollar.
Una ley prometida, pero atrapada en la burocracia
Durante años, el Proyecto Gran Simio ha trabajado para que España aprobara una Ley de Grandes Simios basada en el reconocimiento de sus derechos fundamentales: derecho a la vida, a la integridad física y emocional, a no ser sometidos a explotación y a abandonar progresivamente una cautividad que nunca debería haberse convertido en su destino.
En octubre de 2025, tras diferentes campañas junto con la Fundación Animals Guardians y reuniones con organizaciones defensoras de los grandes simios, el Ministerio de Derechos Sociales manifestó su compromiso de impulsar esta ley, que incluso fue presentada públicamente como la futura “Ley Jane Goodall”.
Posteriormente se elaboró un borrador ministerial que fue remitido a organizaciones interesadas para recibir aportaciones. Proyecto Gran Simio y Fundación Animal Guardians presentaron alegaciones reclamando cambios sustanciales para que la norma fuera una verdadera ley de derechos y no únicamente una regulación de la cautividad.
El problema fundamental para ambas organizaciones es que dicho borrador no recoge una de sus principales reivindicaciones: la prohibición absoluta de la reproducción en cautividad de grandes simios. Permitir excepciones a la reproducción supone mantener abierta una puerta que puede perpetuar el sistema que durante décadas ha condenado a estos seres a nacer, vivir y morir en instalaciones donde nunca podrán desarrollar una vida libre junto a sus comunidades naturales.
El retraso genera preguntas que el Gobierno debe responder
La pregunta es sencilla: ¿por qué una ley que debería haber avanzado con prioridad continúa sin llegar al Consejo de Ministros?
Desde Proyecto Gran Simio se considera que existen diferentes factores que pueden estar dificultando su avance.
Uno de ellos es el temor a que la aprobación de esta norma abra un nuevo frente político en un momento en el que el Gobierno afronta numerosos debates parlamentarios. Pero los derechos de los animales no pueden depender de coyunturas políticas ni convertirse en una cuestión secundaria por miedo al debate público. Una ley no pierde valor porque pueda ser discutida. Al contrario: las leyes importantes nacen precisamente porque existen debates sociales que requieren respuestas valientes.
También preocupa la influencia de determinados sectores vinculados a los centros de primates y a determinados modelos de gestión de animales cautivos. Durante años, parte del discurso dominante ha defendido que mantener grandes simios en zoológicos puede tener una función educativa o científica. Sin embargo, Proyecto Gran Simio sostiene que el futuro debe orientarse hacia el rescate, los santuarios y la protección individual de cada animal, no hacia la reproducción y mantenimiento de poblaciones cautivas.
Igualmente, desde la organización se ha señalado la falta de una implicación suficiente de algunos sectores académicos y científicos vinculados históricamente al estudio de primates en cautividad. La ciencia debe estar al servicio del conocimiento y de la protección, pero también debe afrontar los nuevos paradigmas éticos que reconozcan la complejidad cognitiva, emocional y social de los grandes simios.
Un compromiso adquirido no puede convertirse en una espera indefinida
El Director General de Derechos de los Animales y el Ministerio de Derechos Sociales tienen una responsabilidad directa para impulsar esta norma hasta el siguiente trámite administrativo.
Desde Proyecto Gran Simio se recuerda que durante todo este proceso se han mantenido reuniones, se han presentado propuestas y se ha trabajado para encontrar soluciones. Incluso se impulsó una propuesta alternativa de Ley de Grandes Simios junto con Fundación Animal Guardians, que posteriormente llegó al Congreso de los Diputados mediante una iniciativa parlamentaria.
Pero una ley no puede quedar paralizada indefinidamente entre reuniones, borradores y compromisos. Tampoco por intereses políticos
Cada retraso supone prolongar una situación que afecta directamente a individuos concretos: animales que continúan viviendo en cautividad sin que España haya aprobado todavía el marco jurídico que prometió.
No hablamos de una ley más: hablamos de justicia
La Ley de Grandes Simios no es una norma menor. Representa una pregunta fundamental sobre nuestra propia existencia.
La historia de la humanidad está llena de momentos en los que tuvimos que ampliar nuestro círculo moral. Primero reconocimos derechos a grupos humanos que habían sido excluidos. Después comprendimos la necesidad de proteger ecosistemas completos. Ahora tenemos delante otro gran desafío: reconocer la dignidad de nuestros parientes evolutivos más cercanos.
Si reconocemos que estos animales sienten, sufren, tienen memoria, establecen vínculos familiares, poseen capacidades cognitivas extraordinarias y comparten con nosotros una parte esencial de nuestra historia evolutiva, entonces la respuesta ética no puede ser seguir aplazando indefinidamente su protección.
España tiene una oportunidad histórica para situarse a la vanguardia mundial en el reconocimiento de los derechos de nuestros parientes evolutivos. Pero esa oportunidad se está debilitando con cada mes de silencio.
Desde Proyecto Gran Simio exigimos al Gobierno que cumpla el compromiso adquirido, que presente la Ley de Grandes Simios ante el Consejo de Ministros y que abra el necesario debate parlamentario. El silencio o el olvido, es una muestra más de desprecio hacia la dignidad evolutiva de nuestra especie.
Los grandes simios no pueden votar. No pueden escribir cartas a los ministros. No pueden acudir a una institución para reclamar sus derechos. Por eso estamos nosotros. Porque una sociedad demuestra su verdadera grandeza no solamente por cómo trata a los seres humanos, sino también por cómo protege a aquellos que, sin tener nuestra voz, comparten con nosotros una historia evolutiva que comenzó hace millones de años.
La conservación del futuro no puede basarse en encerrar animales inteligentes para que las generaciones futuras conozcan una versión artificial de ellos. La verdadera conservación debe proteger sus hábitats, luchar contra el tráfico ilegal y apoyar los santuarios y proyectos de protección en sus lugares de origen.
La Ley de Grandes Simios no puede seguir esperando. Nuestros hermanos evolutivos tampoco.








